LECCIÓN 5 ~ SÁBADO 2 DE FEBRERO DE 2008

UNA RETRIBUCIÓN MAYOR QUE LA DE ISRAEL

INTRODUCCIÓN

§ “Mirad que no desechéis al que habla. Porque si no escaparon aquellos que desecharon al que los amonestaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desecháremos al que amonesta desde los cielos” (Hebreos 12:25).

CRISTO ES SUPERIOR A MOISÉS EN SU OBRA

1. ¿Por qué se considera que Cristo era superior a Moisés? Hebreos 3:1-4; Efesios 2:10.

2. ¿Cuál es la diferencia entre Moisés y Cristo en su servicio a Dios? Hebreos 3:5,6.

PELIGRO DE ENDURECER EL CORAZÓN

3. ¿Qué consejo fue dado a los seguidores de Cristo? Hebreos 3:7-10.

   “Un solo rasgo malo de carácter, un solo deseo pecaminoso, acariciado persistentemente, neutralizan a veces todo el poder del Evangelio. Toda indulgencia pecaminosa fortalece la aversión del alma hacia Dios. El hombre que manifiesta un descreído atrevimiento o una impasible indiferencia hacia la verdad, no está sino segando la cosecha de su propia siembra. En toda la Biblia no hay amonestación más terrible contra el hábito de jugar con el mal que las palabras del hombre sabio, cuando dice: ‘Prenderán al impío sus propias iniquidades’ (Proverbios 5:22)” (El Camino a Cristo, Pág. 33).

4. ¿Cuál fue el resultado de la continua incredulidad de los israelitas? Hebreos 3:11,12.

   “Dice el apóstol Pablo: ‘Mirad, hermanos, que en ninguno de vosotros haya corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo’ (Heb 3:12). En vista de todo lo que Dios ha hecho por nosotros, nuestra fe debiera ser fuerte, activa y duradera. En vez de murmurar y quejarnos, el lenguaje de nuestros corazones debiera ser: ‘Bendice, alma mía, a Jehová; y bendigan todas mis entrañas su santo nombre. Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios’ (Sal. 103:1, 2)” (Patriarcas y Profetas, Pág. 300).

5. ¿Cómo podemos ayudarnos unos a los otros para no ser engañados y endurecidos por el pecado? Hebreos 3:13.

   “Vi que estamos ahora en el tiempo del zarandeo. Satanás está trabajando con todo su poder para arrancar a las almas de las manos de Cristo y hacer que pisoteen al Hijo de Dios. Un ángel repitió estas palabras lenta y enfáticamente: ‘¿Cuánto mayor castigo merecerá el que pisotea al Hijo de Dios, tiene por impura la sangre del pacto en la que fue santificado, y afrenta al Espíritu de gracia?’” (Testimonios para la Iglesia, tomo 1, Pág. 429).

6. ¿Cuál es la vida ideal para los que aceptan a Cristo? Hebreos 3:14.

   “Se está desarrollando el carácter. Los ángeles de Dios están evaluando la dignidad moral. Dios está probando a su pueblo. El ángel me transmitió estas palabras: ‘Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo; antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado. Porque somos hechos participantes de Cristo, con tal que retengamos firme hasta el fin nuestra confianza del principio’ (Heb. 3:12-14)” (Maranata, Pág. 50)

7. ¿Cuánto tiempo le es dado a un pecador para que se arrepienta? Hebreos 3:15.

    “¡Ojalá que ahora, mientras dura el día, te vuelvas al Señor! Cada una de tus acciones te hace mejor o peor. Si ellas favorecen a Satanás, dejan tras sí una influencia que continúa produciendo resultados funestos. Sólo los puros, limpios y santos podrán entrar en la ciudad de Dios. ‘Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones,’ mas vuélvete al Señor, para que al recorrer tu senda no dejes desolación a tu paso (Carta 15a, 1896)” (El Hogar Cristiano, Págs. 325, 326).

    “La Palabra hace humilde al orgulloso, manso y contrito al perverso, obediente al desobediente. Los hábitos pecaminosos, naturales para el hombre, están entretejidos con las prácticas diarias; pero la Palabra corta las concupiscencias carnales; discierne los pensamientos y las intenciones de la mente; separa las coyunturas y los tuétanos cortando las concupiscencias de la carne y haciendo que los hombres estén dispuestos a sufrir por su Señor (MS 42, 190 l)” (Ellen G. White, Comentario Bíblico Adventista del Séptimo Día, tomo 7, Pág. 940).

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