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REFLEXIÓN PARA EL MES DE SEPTIEMBRE DE 2006 |
"NACIDO CON UN PROPÓSITO"
“Vino, pues, palabra de Dios a mí,
diciendo: antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que naciese te santifiqué, te di por
profeta las naciones”. Jeremías 1:4-4.
Toda criatura que nace en este mundo tiene un propósito definido, no importa la
forma, el medio, la situación o la condición. Dios tiene un plan específico para cada uno; y todo aquel
que comprenda y acepte el plan de Dios, podrá alcanzar los más nobles ideales como ser humano a para esta
tierra y para la eternidad.
En el capítulo 9 del evangelio de Juan se relata la experiencia de un hombre que
había nacido ciego, el cual recibió la vista por medio de nuestro Señor Jesucristo. Una vez que recibió
la vista, su gratitud lo motivo a ir inmediatamente al templo para agradecer a alabar a Dios por el don
de la visión; ¿Pero que encontró en ese lugar?, Falsos hermanos, religiosos hipócritas, personas, que, en
vez de unirse a su agradecimiento por el milagro realizado, lo condenaban, lo criticaban, lo censuraban,
hasta que al final lo expulsaron del templo (versículo 35), pero allí estaba Jesús junto a él, para
consolarlo, ayudarlo, fortalecerlo y protegerlo fuera del templo; alejado de esos falsos hermanos y
religiosos hipócritas, tuvo un reencuentro maravilloso con Jesús, le conoció de verdad, le entregó su
corazón, le adoró de verdad y el día final lo encontraremos junto a la hueste de redimidos.
Puede ser que por tu condición física, mental o espiritual, seas rechazado por tu
propia familia, vecinos y falsos hermanos de la iglesia que nunca faltan, y que su comportamiento hostil
y poco afable te impiden confraternizar juntos para adorar a Dios. En esa hora triste y de soledad, Jesús
está a tu lado, con sus brazos extendidos para abrazarte como al hijo pródigo y recordarte que por encima
de todo, él está contigo y que su plan seguirá adelante hasta la meta final.
Amigo, amiga, se que no es fácil para nuestra naturaleza humana, afrontar esta
situación; pero te aseguro que si te aferras a las promesa y al propósito de Dios, Jesús vencerá por ti y
verás la luz de la verdad en su plenitud y serás salvo de aquella hora. En la persona de Jeremías podemos
encontrar un ejemplo de completa soledad, tan solo por ser fiel al plan de Dios, que ni siquiera contrajo
matrimonio, ni tuvo hijos, ni esposa, y su propio pueblo y familiares le dieron la espalda y se burlaban
de él (Jeremías 20:7) por ser un fiel testigo de Dios. Puede ser que alguno de los lectores por alguna
situación no ha contraído matrimonio y se siente preocupado al respecto: a ti que lees esta reflexión te
recuerdo: Jesús está a tu lado, él es el mejor y leal compañero de tu vida. El matrimonio aunque fue
instituido por Dios mismo es temporal, transitorio, el cual termina con la muerte, pero el compañerismo
con Jesús es eterno, nunca terminará. Dios tiene un plan para ti; acéptalo de todo corazón, y el gozo
inefable de Jesús llenará tu vida y serás feliz aquí y por la eternidad.
Quedo orando por ti, para que tu fe no falle, y como ancla segura y firme te
sostenga junto a Jesús. Se feliz con el plan de Dios para ti. Amén.

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